
A mí me gusta el sonido original de la ‘ll’, diferente del sonido ‘ye’, aunque se utilice poco en algunas regiones, no en otras afortunadamente. La distinción entre los dos sonidos elimina el problema ortográfico de saber si una palabra se escribe con ‘y’ o con ‘ll’, una falta de ortografía ya frecuente en periodistas y escritores.
La variedad de sonidos de un idioma contribuye a su belleza. A oídos de muchos extranjeros nuestro idioma suena bien. Aunque depende de quién lo hable y cómo lo haga, parece que el único defecto sonoro general que encuentran algunos es que el sonido ‘s’ es demasiado frecuente. Se nota más si se pronuncian las eses con fuerza y cierta duración, y cuando se habla bajito, cuchicheando. Entonces nuestra habla puede sonar como una especie de continuo seseo. Y no es de extrañar, pues el sonido ‘s’, que ya destaca del resto, es muy frecuente en nuestro idioma, no solo por formar parte de muchas palabras, como ‘sólido’ o ‘desde’, sino porque aparece en el plural de cada nombre y de los adjetivos y artículos que lo acompañan. Además es parte de las terminaciones de no pocas formas verbales (amas, amáis). Por eso la ‘s’ es muy frecuente en nuestros textos. Así, en las dos primeras línea de este artículo la “s” aparece doce veces.
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