Cada vez encuentro más diseñadores y artistas digitales que se proclaman “enganchados” a la fantástica herramienta de clonar dos imágenes. La ofrecen la mayoría de los programas de retoque fotográfico y su uso, aunque requiere gran paciencia, es muy intuitivo y fácil.
Consiste en una brocha o pincel que en lugar de pintar un color superpone los pixels o puntos de una foto sobre otra. Le podemos dar la opacidad, difuminado e intensidad que queramos. Jugando con estos valores lograremos que la superposición de las dos imágenes no se note y así conseguiremos obras muy reales.
Un ejemplo lo podéis ver en las fotografías que acompañan este artículo. Simplemente se buscan fotos apropiadas de un avión despegando y un puente. Se recorta el avión y el puente (esto también requiere mucha paciencia) y se superponen una sobre otra. El fuego se consigue clonando una explosión cualquiera.
Vale, según lo cuento parece fácil. Pero seguro que si lo intentáis conseguís un buen resultado. Os aconsejo comenzar por algo fácil. Por ejemplo un pueblo con un río al que se superpone una catarata y un barco.
Las imágenes son de Steve McGhee, un artista canadiense que se dedica al diseño gráfico. Su obra gira en torno a desastres ficticios.















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