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Quien no haya estado una vez en su vida bajo un cielo nocturno sin luz artificial, mirando las estrellas, se ha perdido una de las cosas más maravillosas que regala la vida. Imaginad un verano cálido, los grillos cantan, no hay nubes alrededor y estamos en un campo alejados de la civilización. Miráis hacia el cielo y contempláis la inmensidad del espacio. La Vía Láctea, las Pléyades, Arturo (en El Boyero), Andrómeda y millones de planetas y soles más que nos acompañan en la velada.
Es un gran espectáculo. ¡Y de pronto lo ves! Al principio parece una estrella que se mueve. ¿Quizá un cometa o meteorito? Pero como continúa con un rumbo constante y a la misma velocidad confirmas que es un satélite que pasa justo por encima de tu cabeza. Es muy divertido ir a la caza de estos aparatos artificiales lanzados por el hombre. Cada vez hay más. En una noche puedes ver varios. El que no lo haya hecho nunca, le recomiendo que se organice un fin de semana. Una acampada en la montaña o una buena pradera para tumbarse y contemplar el cielo es suficiente. Os aseguro que merece la pena.
Nosotros lo hacemos cada verano y nos lo pasamos bien. Hoy, al ver esta foto de la Nasa, me he dicho – así nos tiene que ver un satélite cuando estamos mirándolo-. La verdad es que da vértigo.
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