Acabo de darme cuenta de que este blog tiene un buscador. Su casilla para escribir lo que se busca está donde suelen estar las casillas de los buscadores, en la parte superior derecha de la página. Para utilizarlo busqué radiación, que creía que era el título de un artículo que escribí hace tiempo. El buscador me llevó a él porque el artículo contiene esa palabra, pero el título es “Radiactividad“. Leí los comentarios y casi todos decían que querían seber más de la radiactividad. Yo también prometía escribir más. Por eso inmediatamente me he puesto a ello, a escribir este artículo.
Si no queréis leer de nuevo el artículo “Radiactividad“, recordad que radiactividad es la acción de lanzar algo en la dirección del radio.
Un átomo se rompe cuando se rompe su núcleo. Es verdad que los átomos tienen también electrones. Pero si un átomo pierde electrones no decimos que se ha roto, sino que se ha ionizado, porque queda con carga eléctrica, positiva en este caso. Los átomos pueden también incorporar más electrones de los que habitualmente tienen, y entonces quedan ionizados con carga negativa. Por tanto, cuando de un átomo salen electrones o se incorporan a él, decimos que el átomo se ioniza, no que se rompe.
Un átomo se rompe cuando se rompe su núcleo. Lo que pasa es que el verbo romper se utiliza poco para referirse al hecho de romper un átomo. La gente de la ciencia suele decir que se desintegra. Pero es lo mismo. Consiste en que el núcleo, formado por protones y neutrones, se divide en otros núcleos más pequeños.
Pero los átomos no se desintegran con suavidad, sino con explosión. Aunque en silencio, lanzan cosas en la dirección del radio, radian cosas cuando se desintegran. Esa radiación se llama radiación del núcleo, radiación nuclear. Recordad que lo que radian los núcleos son ondas electromagnéticas y partículas.
Los núcelos de algunos elementos se desintegran espontáneamente. Son los que llamamos elementos radiactivos. El más conocido probablemente sea el uranio. Pero hay más.
Si se tiene un trozo de un elemento radiactivo, sus átomos no suelen romperse todos a la vez. Por eso, el número de los que se desintegran cada segundo nos da una idea de la rapidez de la desintegración, de la velocidad de desintegración. Un trozo de un elemento en el que se rompan cinco átomos por segundo se desintegra más lentamente que otro en el que se rompan diez átomos por segundo. Lo que ocurre es que la velocidad de desintrgración no suele llamarse así, sino actividad radiactiva. Y tampoco se dice que un átomo tiene una actividad radiactiva de tantos átomos por segundo, sino que se dice que la actividad radiactiva es de tantos becquerelios, cuyo símbolo es Bq. Pero significa exactamente lo mismo. Así, que la actividad radiactiva de un trozo de material sea 100 Bq significa que de ese trozo se desintegran 100 átomos por segundo. O sea, la unidad de actividad radiactiva es el becquerelio o, lo que es lo mismo, átomo desintegrado por segundo.
Se dice becquerelio en lugar de átomo desintegrado por segundo (o desintegración por segundo) para honrar la memoria de Becquerel, físico francés que contribuyó al conocimiento de la radiactividad. Pero decir que la actividad radiactiva de un trozo de un elemento es 50 Bq significa que se desintegran 50 átomos por segundo.
Muchos físicos dicen becquerelio, pero en el diccionario de la Real Academia Española no está becquerelio y sí becquerel con el significado que aquí hemos atribuido a becquerelio.
No sé qué criterios habrán hecho preferir a la Real Academia Española becquerel en vez de becquerelio, pero los nombres españoles de las unidades son amperio (no amper), voltio (no volt), culombio (no coulomb), vatio (no watt), hercio (no hertz)…, lo que pediría becquerelio (no becquerel).






Estupendo artículo, Félix. Me ha resultado muy ameno de leer y altamente informativo, como siempre.
Te agradezco que hayas decidido seguir desmitificándonos esta cosa que llaman radiación.
También estoy de acuerdo con tu reflexión final: de ahora en adelante diré becquerelio, a pesar del diccionario.
(Por cierto, también decimos julio en lugar de joule, y henrio en lugar de henry.)
Es verdad que está muy bien explicado dado lo complejo y oscuro que siempre ha sido para los “profanos” en la materia todo lo relacionado con lo “nuclear”. Según lo cuentas parece cosa de niños… eso sí, muy diminutos
Gracias por el artículo Félix, muy bueno como siempre.
Solo un pequeño apunte que me has recordado: Precisamente se utiliza esa desintegración nuclear o radiación nuclear para datar la antigüedad de cualquier objeto orgánico o con restos orgánicos. Sin entrar mucho en detalles, el famoso carbono 14 que es un isótopo del carbono, forma parte de los seres vivos que lo capturan de manera constante de la atmósfera y junto con otros isótopos de carbono. Cuando el organismo muere, deja de capturarlo y se queda con lo que tenía. El isótopo carbono 14 es especialmente radiactivo y como ya no se incorporan más átomos, lo que el organismo tiene continúa con su descomposición radiactiva.
Por lo tanto, viendo cuántos átomos de carbono 14 quedan en la muestra de material orgánico y comparando con la cantidad aproximadamente de carbono 14 que existe en un organismo vivo similar, se puede saber cuántos átomos de carbono 14 se han desintegrado del organismo. Como también se conoce el característico becquerelio del carbono 14 (átomos/segundo) se puede saber de una manera aproximada, cuándo el organismo dejó de ‘fijar’ el carbono ambiental y concretamente el carbono 14; o sea, cuándo falleció.
Gracias, Tricholoma, por tu opinión sobe el artículo. Pero es de justicia que yo reconozca también la calidad del no menor artículo que constituye tu comentario, y lo hago por medio de estas líneas con gran alegría.
Además es del todo oportuno que recuerdes aquí la técnica de datación del carbono 14, que nos proporciona fechas de gran fiabilidad sobre hechos pasados. Gracias también por ello.
A Róber le digo que, en efecto, la mitificación es consecuencia del desconocimiento, y trata de suplirlo en cada uno, casi siempre con sobredosis de temor. Debe ser una reacción de supervivencia: temer ante lo desconocido. Espero que podamos seguir comentando sobre la radiactividad, o sea sobre el lanzamiento de cosas en la dirección del radio.
Lo de becquerel en vez de becquerelio no está del todo mal. No tanto, al menos, como ampere en lugar de amperio, o de otras unidades parecidas.
En efecto, Álex, te digo como a Róber: en cuanto conoces algo aparece más sencillo que cuando lo desconoces. Ponte si no a conducir por Madrid, París, Londres, Nueva York o Buenos Aires sin conocer… y luego conociendo. La diferencia es enorme. Lo mismo con cualquier conocimiento.