Hoy me quedo con esta imagen. Estoy atrapado en la ciudad, rodeado de asfalto y al menos con mi imaginación puedo volar. Un oasis es un buen remedio para esconderme y así evitar los agobios cotidianos, el ruido y la aglomeración de gente. El de la foto no se encuentra ni en el desierto del Sahara ni en el de Gobi. Está en Perú, donde puedes pasar de selva frondosa a desierto recorriendo el país.
Este vergel en medio de tan árido paisaje se localiza concretamente en el distrito de Ocucaje, a unos 4 km del pueblo de Ica. Tiene incluso su propia leyenda. Al parecer una hermosa mujer se retiró a este paraje para llorar la muerte de su amado. Sus lágrimas crearon la laguna y su manto las dunas. Dichas dunas, de arena muy fina y con mucha pendiente hacen del lugar uno de los mejores del mundo para practicar sandboarding o deslizamiento en tabla por arena.










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